Europa, Italia

21 diciembre, 2017

10 experiencias para sufrir el síndrome de Stendhal en Florencia

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Por María García Clemente

A estas alturas no te vamos a explicar lo que es el síndrome de Stendhal. Lo que sí vamos a contarte son los puntos que debes visitar SÍ o SÍ en Florencia, cuna de este ‘mal’, para que quedes prendado de la ciudad del Renacimiento. Tranquilo, los únicos efectos que sufrirás son las ganas de repetir!

Consejo Cooltureta: Si vas a Florencia es muy muy recomendable que saques los tickets con antelación. Si buscas en Google, hay decenas de páginas NO OFICIALES en las que puedes hacerlo, algunas al mismo precio y otras que te estafan unos cuantos euros. Esta es la WEB OFICIAL para sacar las entradas en los museos de la ciudad de Florencia. 

  1. La cúpula perfecta

Todos conocemos el Duomo de Florencia. Santa Maria del Fiore es una espectacular catedral, pero lo que la corona como una de las grandes obras del arte es la cúpula que Brunelleschi diseñó en el siglo XV. Inexplicablemente, hay quien prefiere subir al Campanile en vez de a esta maestría arquitectónica que incluso hoy sigue guardando los secretos de su construcción. Pero subir a la cúpula te permite primero ver de cerca los frescos de la bóveda interior. Después, en el ascenso, descubres que no son una, sino dos las cúpulas que conforman la estructura. Por si fuera poco, las vistas desde arriba son, simplemente, Toscana pura. Ve a primera hora de la mañana, ya que se forman largas colas para subir.

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  1. Las venas de El David

Cinco metros, cinco toneladas de peso, una vista de 360 grados y cuando lo tienes delante la vista se te va a las venas tensionadas de las manos del David. A la visita a la Academia sólo le falta un elevador para poder mirar de frente cómo frunce el ceño para salir e irte directamente a besar la tumba de Miguel Ángel. Si vas a última hora, antes del cierre, aguanta hasta que suene la sirena que alerta del cierre. Si no das con un guarda demasiado estricto, te dejará estar unos pocos minutos a solas con esa maravilla.  

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  1. El ‘panteón de Florencia

Para mostrar nuestros respetos a Buonarroti, tendremos que dirigirnos a la basílica de Santa Croce. Cuidado: tras ver esta iglesia fue cuando el corazón de Stendhal se desbocó. Una vez que franqueamos la entrada, bajo la aviesa mirada de la estatua de Dante, comprobamos que Santa Croce acoge los restos de los vecinos más ilustres de Florencia: Miguel Ángel, Maquiavelo, Ghiberti, Galileo o Vasari. Si lo tiene Roma, Florencia no iba a ser menos. Las vidrieras del altar son las más bonitas de esta ciudad, y eso que el listón está muy alto.

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  1. La lonja oculta de Orsanmichele

Puede que pases al lado de ella y ni te enteres, pero esta galería comercial que se convirtió en iglesia tiene dentro un pequeño tesoro: un tabernáculo dedicado a la Virgen y el niño que parece una joya. Mármol, incrustaciones de materiales nobles y la quietud del espacio (poca gente entra a visitarla) crean una atmósfera especial. En los pisos superiores, donde se guardaba el grano, podrás ver las estatuas originales que decoran la fachada, encargadas por los gremios de la ciudad.

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  1. El puente, de noche

La única pega que se le puede poner a Florencia es la cantidad de turistas que abarrotan (abarrotamos) sus calles. Y el kilómetro cero de la masificación es el centro del ponte Vecchio, cercado por selfies y excursiones. Para disfrutar de verdad de esta construcción que incluso los nazis no osaron volar por los aires, ve a uno de los dos puentes que lo preceden/suceden. ¡La foto desde ahí es mucho mejor!. Y si lo quieres para ti solo, a partir de las 23.00 horas está prácticamente desierto.

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  1. Un museo al aire libre

Personalmente, lo que me maravilla de Florencia es pensar que hace 400 años una ‘cualquiera’ como yo podía pasar por la Loggia della Signoria y disfrutar de arte que normalmente estaba reservado para los potentados de la época. Las esculturas de Perseo y Medusa, el Rapto de las Sabinas o el Hércules y el centauro… Si pasas menos de media hora haciendo fotos, háztelo mirar.

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  1. El paraíso de la escultura

Puede que no te suene el nombre, pero el Museo del Bargello guarda esculturas de todos los grandes. Sí, siempre quedan ganas para ver más esculturas. Puedes ver otro famoso David, el primer desnudo del Renacimiento (gracias, Donatello), un Jasón con su vellocino que te recordará a alguien de la Signoria y un Baco en estado de embriaguez de Miguel Ángel. Además, se guardan las muestras con las que Brunelleschi y Ghiberti compitieron para decorar la puerta del Baptisterio, conocidas como Puertas del Paraíso gracias a Miguel Ángel. Más, imposible.

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  1. Sus calles

El gusto italiano es innegable, pero para disfrutar de él no hace falta recorrer Via degli Strozzi, donde se concentran las marcas de alta costura del país. Cualquier calle, al lado del Duomo o alejada del centro, huele a historia, orgullo y amor por lo bonito. La arquitectura del casco histórico, los tejados, las persianas verdes… Todo brilla por y para Florencia.

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  1. La papelería

Esa querencia por el arte se transmite hasta en los souvenirs. Te reto a irte de Florencia sin comprar algo de Il Papiro. Son tiendas especializadas en papelería con un diseño espectacular. Sellos, postales, calendarios, invitaciones… Para mí son visita obligada cada vez que paso por la ciudad.  

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  1. Historia pictórica

Para rematar, uno de los museos pictóricos más importantes del mundo. A ver, es que cuando en la Península todavía no sabíamos lo que era la perspectiva, los artistas de Florencia estaban haciendo todo lo que está conservado en la impresionante Galería Uffizi. Es fácil sentirse abrumado por los pasillos y salas, así que aquí te dejo mis imprescindibles:

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