Europa, Italia

15 febrero, 2018

Cómo visitar la Domus Áurea, el palacio enterrado de Nerón

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Por María García Clemente

Bajo la colina del monte Opio, justo al lado del Coliseo, se esconde un secreto. Un tesoro inexcavado pero conocido, una de las más bellas muestras de la grandeza de la Roma Imperial. A pocos metros de uno de los monumentos más visitados del mundo, pero oculto a los ojos de los turistas. La Domus Áurea, la fabulosa y monumental mansión del emperador Nerón, espera bajo ocho metros de tierra a volver a brillar bajo el sol romano. Intenta imaginarla: 80 hectáreas, un lago artificial tan grande como el Coliseo (de hecho, se construyó sobre él), 300 habitaciones, una cascada dentro del edificio, una estatua de más de 30 metros de altura…

Su genial redescubrimiento nació de la desgracia: un vecino paseaba por la zona allá en el siglo XV y cayó por un agujero en el suelo. Se partió una pierna, pero descubrió una gruta con unas bellas pinturas que resultaron ser la decoración del techo de la domus. Las paredes son tan importantes que hasta inspiraron estilo pictórico, el grutesco, que se expandió de Roma el mundo entero. Los artistas de la época, como Rafael o Pinturicchio, descendían con cuerdas hasta las ‘grutas’ para aprender ese estilo tan extravagante.

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Por todo ello, visitar la Domus Áurea te hace sentir un pequeño Indiana Jones, un privilegiado por poder pisar este espacio, reservado sólo para las élites de Roma. Si quieres descubrir cómo disfrutar de una de las zonas más impactantes y desconocidas de la Antigua Roma, te dejamos esta guía.

Cómo visitarla

La entrada a la Domus Áurea está muy restringida. El monumento permaneció cerrado durante muchos años debido a derrumbes e infiltraciones del jardín superior, pero un nuevo proyecto de la compañía CoopCulture iniciado en 2017 permite que se vea durante los fines de semana. De lunes a viernes, los obreros continúan con los trabajos de apuntalamiento y adecuación de los espacios y se analiza cómo afectan las visitas a los frescos.

Todas las visitas son guiadas por uno de los arqueólogos que trabaja en las obras y que enseña cómo era el edificio y lo que queda de él. Hay visitas en español, italiano, inglés y francés únicamente durante los sábados y domingos.

En español, los horarios para entrar a la Domus Áurea son a las 11.45 y a las 15.30 horas. Podéis sacar los tickets aquí.

El precio para ver la Domus Áurea es de 16 euros, 14 la entrada y 2 de la reserva online. Puede parecer caro, pero merece cada euro que se paga.

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Una vez hecha la reserva, sólo tenéis que presentaros cinco minutos antes en la billetería, ubicada en la vía de la Domus Áurea.

Consejo: la Domus Áurea se encuentra varios metros bajo el suelo, por lo que hace bastante frío. En verano será necesaria una chaqueta.

La visita

Una vez pertrechados con los cascos, la puerta se abre para pasar por una de las galerías rectangulares de la Domus. Eran una de las zonas de acceso al palacio, pero el emperador Trajano, para ganarse el cariño de los vecinos de Roma que habían visto cómo Nerón expropiaba sus viviendas para su megalómana casita, decidió poner muros, techos y rellenarlos de tierra para que fueran unos fuertes cimientos y edificar sobre ellos unas termas públicas. Ni que decir tiene que la historia recuerda con más cariño al emperador hispano que a Nerón.

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A más de diez metros bajo tierra es complicado imaginar el porqué del sobrenombre de Domus Áurea. No se llamaba así porque estuviera llena de oro -que también-, sino por la luz que inundaba sus estancias. Todas las habitaciones recibían luz natural de sus enormes patios, un peristilo gigante con columnas de varios metros de altura. Una estructura que Trajano modificó con sus cimientos y cuya decoración también cogió prestada para sí.

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Imagina pasear por esta inmensidad, construida en tan sólo cuatro años, hecha para la contemplación del arte. Estatuas como el Laocoonte o el Gálata moribundo decoraban sus estancias; no había ni siquiera letrinas o cocina: todo para la admiración, el descanso y la opulencia. Eso sí, con el dinero del pueblo de Roma.

Tras las galerías se pasa a las distintas estancias, donde se descubren las increíbles pinturas de las paredes. En algunas zonas, los frescos apenas se distinguen por el paso del tiempo y la humedad, pero en otras las pequeñas figuritas se aprecian perfectamente. Los rojos, negros y amarillos destacan sobre las paredes y los motivos egipcios se reconocen perfectamente.

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En los techos se han dejado las marcas de los agujeros por los que cruzaban los artistas de habitación en habitación; ellos podían admirar el techo a muy corta distancia, ya que el rellenado de tierra de toda la mansión por parte de Trajano les dejaba a apenas un metro de las cúpulas. Se pueden observar pequeños mosaicos y escenas mitológicas perfectamente conservadas.

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Uno de los platos fuertes de la visita llega en la sala de la cúpula dorada. Bajo su techo, gracias a unas gafas de realidad virtual, todos los asistentes descubrimos cómo era realmente la Domus Áurea, cómo de impresionantemente grande eran sus estancias y cómo vivieron su descubrimiento en el siglo XV. Prácticamente como viajar al pasado.

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La visita termina en la sala octogonal, con óculo que dejaba pasar la luz y diferentes habitaciones distribuidas. Una de las más impresionantes incluía una cascada artificial.

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Nuestra experiencia

He de confesar que tenía muchas ganas de visitar la Domus Áurea. Desde que conocí su existencia había querido verla y era un objetivo fijo desde la reapertura. Por eso, la expectativas eran realmente altas. Y simplemente no me decepcionó en nada. El trabajo de CoopCulture y del Ministero dei Beni Culturali es excelente: las explicaciones de la arqueóloga son muy didácticas e interesantes; todos seguíamos su charla casi tan embobados como cuando mirábamos los techos. Y la recreación en realidad virtual es simplemente espectacular. Estar dentro de la Domus Áurea tal y como era, tal y como la encontraron en el siglo XV y ver todo su dominio es una experiencia increíble.

Después de visitar la Domus Áurea, ya podemos exclamar lo mismo que Nerón cuando terminó su construcción: «¡Por fin puedo empezar a vivir como un hombre!»

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